Erika Martínez escribe sobre Árboles con tronco pintado de blanco en la Revista Mercurio:
"Quienes leímos el brillante Así procede el pájaro (Pre-Textos, 2004) lo esperábamos. Árboles con tronco pintado de blanco,
de Juan Antonio Bernier, es uno de esos poemarios cuyos versos llenan
la página. No de tinta, sino de sonidos. Sonidos espesos, ocultos bajo
una engañosa parquedad, que se expanden y retumban, como la voz en el
interior de una habitación vacía. Árboles
es un libro de cadencia diáfana y lectura hermética. Sus poemas
difuminan las fronteras entre lo físico y lo espiritual, crecen donde la
realidad se vuelve intangible, pero aún brilla, huele y nos sopla en la
nuca: “Al volver a sentarme, / he perdido una idea. / Pero no su
rastro”. Aislados, expuestos al primer plano antinaturalista de Bernier,
los objetos adquieren un aura fantástica. No hay en sus versos una
subjetividad contenida, sino más bien proyectada: yo es fuera. Una
contemplación intensa vacía al hombre y traspasa su humanidad al
paisaje: “El aire disimula al sentirse observado”. Los objetos cobran
una cualidad magnética, apoderándose de cierto excedente de la mirada" (para seguir leyendo, aquí o aquí).
No hay comentarios:
Publicar un comentario