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sábado, 3 de septiembre de 2011

Estar en buena salud. Haber estado enfermo

(André Gide)

RECURSOS PARA ENTRENARSE Y PARA INCITAR A TRABAJAR

1. Intelectuales:

a) Idea de la muerte inminente.
b) Emulación; sentimiento preciso de la propia época y de la producción de los demás.
c) Sentimiento artificial de la propia edad; emulación por la comparación con la biografía de los grandes hombres.
d) Contemplación del trabajo de los pobres; sólo una furiosa labor puede excusar a mis ojos mi riqueza (...).
e) Comparación del trabajo de hoy con el trabajo de la víspera; y elegir como referencia el día en el que uno ha trabajado más; convencerse con este falso razonamiento: nada me impide trabajar lo mismo hoy.
f) Lectura de obras mediocres o malas; sentir en ellas el peligro y exagerarse la sensación de peligro. Trabajar por odio a esas obras. (Recurso poderoso; pero más peligroso que la emulación).

2. Materiales (todos dudosos):

a) Comer poco.
b) Mucho calor en las extremidades.
c) No dormir demasiado (7 horas bastan).
d) No intentar nunca motivarse instantáneamente por la lectura ni por la música; o bien elegir un amor antiguo y no leer (pero hacerlo piadosamente) más que unas pocas líneas (...).
e) Estar en buena salud. Haber estado enfermo.


Escrito por André Gide (1869-1951) en 1894. Fragmento de su Diario (Barcelona, Alba Editorial, 1999; prólogo, selección y traducción de Laura Freixas)

viernes, 22 de julio de 2011

Et nunc manet in te



¿De qué esta hecho, pues, nuestro amor -me preguntaba yo entonces-, si persiste a despecho del desmoronamiento de todos los elementos que lo componen? ¿Qué es lo que se oculta a través de la traicionera apariencia y que vuelvo a encontrar y reconocer idéntico a través de las degradaciones? No sé de qué material, de armonioso y de radiante, que es preciso llamar alma. ¡Qué importa la palabra!

...

A veces pensaba yo que lo que me hacía enamorarme de tal manera era el sentirla extraordinariamente diferente de mí, por esa atracción extraña que ejerce en mí la diferencia. Sin embargo, por diferente de mí que pudiera ser, fue el haberla conocido lo que tan a menudo me hizo sentirme extranjero sobre la tierra, jugando al juego de la vida sin creer mucho en él, por haber alcanzado a través de ella una menos tangible pero mas auténtica realidad secreta; con ella, la sentía. Y cuando me faltó el puro sonido que daba aquella alma, me pareció que ya sólo oía en torno mío sonidos profanos, opacos, extintos, desesperados.


Fragmentos de Et nunc manet in te, de André Gide, seguido del Diario intímo (traducción y prólogo de Jorge Zalamea; Colección "Los grandes novelistas de nuestra época", dirigida por Guillermo de Torre; Buenos Aires, Losada, 1953)