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domingo, 28 de abril de 2013

Pájaro terrestre






NO SÉ POR QUÉ miro más a los pájaros
cuando apenas caminan
que cuando levantan vuelo
bajo este sol de trapo los árboles declaran
un pájaro terrestre
es un hermano
casi


Poema de Andrés Neuman, del volumen No sé por qué y Patio de locos (Valencia, Pre-textos, 2013)

domingo, 10 de marzo de 2013

Ingesta del fin de semana


La plaga (remastered), de Raúl Alonso (Cántico, 2012), Folk, de Fruela Fernández (Pre-textos, 2013), El tiempo menos solo (Pre-textos, 2013), Sentado junto al muro, de Rafael Antúnez (Cántico, 2012).

domingo, 11 de noviembre de 2012

Ley métrica de Barcelona






CUBETA

Solo turnos de luz.


Tu mirada bailando con mi cuerpo


sobre un suelo adherente
de envoltorios y vidrios.


La música encharcada,


una medusa
vista
a través de unas
gafas de bucear.


a) El aire comprimido.
b) Una pala de plástico.


Poema de Jorge Díaz Martínez, del libro Trasbordo. Poemas del metro de Barcelona (La Garúa libros, Barcelona, 2012).

jueves, 20 de septiembre de 2012

Vida hablada






IDIOMA

Rehúyes el énfasis,
bajas la voz,
te acercas.

Sólo quieres
que el viejo metal
suene como encantado.


Poema de Rafael Cadenas, del libro Sobre abierto (Valencia, Pre-textos, 2012)

martes, 18 de septiembre de 2012

Cuchillo casi flor




RETAMA

Dentro de mí
qué oscuridad
de mí; afuera
qué claridad de sí de la retama ardiendo.


Poema de Luis Feria, del libro Cuchillo casi flor (Valencia, Pre-textos, 1989)

viernes, 14 de septiembre de 2012

Un rezagado ave


Presencia y voz rompieron la bandada
recién llegada de
el mundo sin invierno.

Un rezagado ave
indeciso gritó: reconocí ("¡Esperadme!")
mi propia voz.
                     No otra primavera
comiendo grano solo sin dirección alguna.


Poema de Aníbal Núñez, del libro Primavera soluble (Valencia, Pre-textos, 2012; palabras preliminares de José Ángel Valente)

lunes, 23 de julio de 2012

Bulgaria: un país en relatos


Miroslav Penkov (Gábrovo, 1982) es un joven escritor búlgaro que ha logrado triunfar en Estados Unidos con su primer libro, East of the West: A Country in Stories. Al este de Occidente es un libro de relatos escritos en inglés que no desprecia ninguno de los aspectos fundamentales que han conformado la sensibilidad búlgara contemporánea: la cuestión macedonia, el yugo turco, las guerras balcánicas, el periodo socialista, la transición democrática, las crisis económicas, la emigración... Un volumen altamente recomendable para aquellos que quieran saber más sobre Bulgaria, y un autor a tener muy en cuenta.


Miroslav Penkov, Al este de Occidente (traducción de Daniel Rodríguez Gascón; Barcelona, Seix Barral, 2012)

sábado, 30 de junio de 2012

Semejante disposición ante la desgracia


Llegué al lugar donde se encontraba el asno la noche anterior. Miré y no pude dar crédito a mis ojos: estaba ahí de nuevo. Completamente solo. Lo observé detenidamente, imposible no reconocerlo, era él sin duda. Su dueño, muy cerca, conversaba apaciblemente con un par de personas. Todavía no se había formado ningún corro a su alrededor. Los músicos no estaban, la representación aún no había comenzado. El burro estaba allí al igual que la noche anterior. El pellejo parecía, bajo un sol radiante, aún más raído que por la noche. Lo encontré más miserable, más famélico y más viejo todavía.
De súbito, sentí alguien a mis espaldas y es cuché unas palabras fuertes, pero que no comprendía, dichas al oído. Me di la vuelta y perdí por un instante de vista al animal. (...) Me volví de nuevo hacia el asno.
No se había movido de su sitio, pero sin embargo no era ya el mismo pollino. De entre sus patas traseras, sesgado, colgaba de pronto un miembro descomunal. Parecía más duro que el garrote con el que se la había amenazado la noche anterior. En el breve intervalo en el que me diera la vuelta, se había operado en el una prodigiosa transformación. No sabía lo que hubiera podido ver, oír u olfatear. Tampoco lo que le habría pasado por su cabeza. Con todo, esa miserable, vieja y débil criatura, ahora a punto de reventar, que sólo servía para diálogos insensatos; a la que se trataba peor que a un asno de Marrakesh, cuya exigua existencia era menor que nada; sin carnes, sin fuerza, prácticamente sin pellejo, aún poseía tanto deseo en su interior para que su mera estampa me liberase del efecto de su miseria. Pienso con frecuencia en él. Y me repito a mí mismo cuánto quedaba de él cuando yo ya no veía nada. Deseo para todod ser atormentado semejante disposición en la desgracia.

Fragmento de Las voces de Marrakesh, de Elias Canetti (Valencia, Pre-textos, 2002; traducción y prólogo de José Francisco Yvars).

domingo, 17 de junio de 2012

Más sobre la tiranía


A diferencia de lo ocurrido en campos como la poesía, el teatro, la oratoria, la filosofía, la escultura o la arquitectura, en los que los modelos antiguos respectivos han ejercido una influencia constante, y en muchos momentos una auténtica tiranía sobre el Occidente cultivado, hay que tener presente la casi total libertad de la que ha disfrutado nuestra tradición musical en lo que se refiere a la dependencia de modelos griegos o romanos. (...) La llamada música "clásica" es, en este sentido, mucho menos clásica que nuestro teatro del Siglo de Oro o que nuestra arquitectura dieciochesca. ¿Podemos imaginar siquiera qué hubiera sido de la música cristiana de época carolingia o de la música profana del Renacimiento europeo si los creadores hubieran tenido a su disposición una gran obra musical antigua, considerada modélica, algo, digamos, comparable en su campo a las Odas de Horacio o los Diálogos de Platón, al Panteón o al Apolo de Belvedere?

Fragmento de La música de los clásicos. Versiones de la poesía antigua, de la Edad Media al Renacimiento tardío, de Javier Bergua Cavero (Valencia, Pre-textos, 2012).

Nota. Esta entrada dialoga con esta otra de Froy.


viernes, 15 de junio de 2012

She is my man


MOT

Je ne suis pas une femme
Yo no estoy enferma
Je suis désolé
Yo soy de sol

La faim
La hembra
Est sombre
Es hombre


Poema de Eba Reiro (Ourense, 1990), de la antología Tenían veinte años y estaban locos (edición de Luna Miguel; Córdoba, La Bella Varsovia, 2011).

martes, 12 de junio de 2012

El oponente verbal


No existe una forma de ser. Mi forma de ser. Lo único que existe es una reacción de ser. Los demás provocan esa reacción y ya no hay vuelta atrás. En mi trabajo, yo era abnegado, gris, arisco. Lo era con mis jefes, pero con mis itinerantes subordinados, no. Con ellos era cínico, hasta divertido, seguro de mí mismo. Leyendo mis diarios, me daba cuenta de que no lograrían el plácet de ningún lector de novelas. El personaje no era coherente. Con algunas chicas se mostraba romántico, con otras retraído, con otras pánfilo y con otras desvergonzado. Era el líder en algunas relaciones personales, en algunos grupos de amigos, y era el pardillo en otros, el tontolaba. Tenía amigos que no me dejaban hablar, y amigos a los que yo aplastaba con mis discursos. Para Daniel fui un oponente verbal que le daba algo de pena; para su hermana, un oponente verbal que le daba algo de asco, pero un asco respetuoso. Con Rosa había sido un poco hijo de puta; con Ana, un calzonazos. ¿Forma de ser? No tengo puta forma de ser; no soy de ninguna manera; no sabe uno ni ser.

Fragmento de la novela Ejército enemigo, de Alberto Olmos (Barcelona, Mondadori, 2011).

domingo, 10 de junio de 2012

Préstamo en condiciones muy favorables


La gente seguirá viviendo.
La gente que aprende y disparata seguirá viviendo.
Será engañada y vendida y otra vez vendida
Y volverá a la tierra nutritiva a arraigarse.
La gente, tan peculiar en sus renovaciones y regresos.
No puede uno burlarse de su capacidad para soportar los golpes.
El mamut descansa entre sus dramas ciclónicos.
La gente, tan a menudo soñolienta, fatigada, enigmática.

Fragmento del poema "La gente seguirá viviendo" de Carl Sandburg (traducción de Alfredo Weiss), procedente de Poesía estadounidense (Buenos Aires, Continental, 1944).

miércoles, 30 de mayo de 2012

Una paz sin olvido


LA EXPEDICIÓN, 2

Eso que con el tiempo pasa (¿se dice así?)
tiembla en las cuerdas sacudidas
suavemente, sin ningún esfuerzo, sonando
bajo un cielo que no parece posible
en un plano de eternidad.

Esa humedad atraviesa la tierra
desprevenida. Se pone esa condición
para que haya un secreto.
Quien no desee una paz sin olvido
que baje la vista, o que
levante la mano.


Poema de Antonio Méndez Rubio, del libro Siempre y cuando (Madrid, Abada, 2011).

sábado, 12 de mayo de 2012

Así de sola está nuestra generación



HIMNO TEMPORAL

Como mira el pescador la orilla
al principio de la noche, cuando el viento
lo empuja hacia el paso de la luna,

y en sí repite las figuras del tiempo
inacabable, y se exalta con la memoria
evocando el regreso

y de repente lo captura el luminoso
despertar de la presa
olvidándose así de todo, menos
del alto volumen y de la viva
fuerza del mar, arrojando
con las redes la límpida familia
en el vasto olvido...

así de sola está nuestra generación,
Dios mío. Mis palabras persuaden una patria
más lejana, de eternas ramas susurrantes
y tupidas.

Es incierta la nueva dirección.
Y, a veces, en fulgentes simulacros
se abrazan los recuerdos. Pero, ¿de qué sirve
tumbarse en el pasado? Sangre y linfa
brotan, mas incierto es el respiro.

Ruinosas tierras deberemos
cultivar. Pero hazme una promesa
de las tuyas: se abre en los días una pregunta
infinita. Fragorosas aguas las orillas
conocerán de tu talla.

Tuya, y no solo: el hombre sobrevive
a tu paz. Pero sé tú el surco
fecundo, la semilla alada, la mano colma.


Poema de Giovanni Raboni, del libro Gesta Romanorum (Vaso Roto, 2011; edición de Luca Daino y Juan Carlos Reche, traducción de Juan Carlos Reche).

domingo, 8 de abril de 2012

La segunda vez ya no tendríamos miedo


Para resumir, quiero afirmar que nunca me precipitaré desde lo alto de una montaña mientras el abismo del sexo se abra ante mí. El amor es la muerte en vida. La falta de sexo es la ausencia de muerte en la vida, lo que conduce a la búsqueda de una muerte verdadera. Un hombre no sólo vive sino que muere y resucita, como las hojas de un árbol. [...] Asimismo, una relación sexual nos insinúa cuán agradable podría ser la muerte, pero no le prestamos mucha atención. Si pudiéramos morir dos veces, la segunda vez ya no tendríamos miedo. Es como una virgen que teme a la primera relación pero, al obtener placer, ya no teme la siguiente ocasión.


Fragmento de Diario secreto 1836-1837 (Madrid, Funambulista, 2011; traducción de Olga Volkonskaya, prefacio de Mijail Armanlinsky), de Alexander Pushkin (1799-1837).

martes, 3 de abril de 2012

Literatura como utopía


Cuánto tiempo hace que se nos decía: "¡Construye una palabra, construye una frase!". Nos torturaban con poemas; las marcas duelen todavía en la memoria. Uno de esos poemas comenzaba: "Me encontraba en los límites de mi país...". ¿Quién era el yo y de qué país se trataba? Lo que significaban los límites se deducía del hecho del contexto, ya que quien da por buenas las reglas y entra en el juego no tira la pelota fuera del campo.


Fragmento de Literatura como utopía (selección de escritos críticos) (Valencia, Pre-textos, 2012), de Ingeborg Bachmann (1926 - 1973).

domingo, 1 de abril de 2012

Erótica de la lectura


No me arrepiento de esas orgías de libros [...] En Viena, cuando no tenía dinero, gastaba todo lo que tenía en libros. En Londres, en los peores momentos, conseguía, contra viento y marea, comprar de vez en cuando libros. Nunca he aprendido nada sistemáticamente, como otra gente, sino por excitaciones súbitas. Siempre empezaban con que mi mirada caía sobre algo que tenía que poseer fuera como fuera. El gesto de coger, la alegría de tirar el dinero por la ventana, el transportarlo a casa o al local más próximo, el contemplar, acariciar, hojear, el guardarlo durante años, el momento de un nuevo descubrimiento cuando las cosas se ponían serias -todo eso es parte de un proceso creativo cuyos detalles secretos desconozco. Pero en mi caso nada sucede de otro modo, y por lo tanto tendré que comprar libros hasta el último instante de mi vida, sobre todo cuando sé con seguridad que nunca los leeré.
Creo que es también parte de la rebeldía contra la muerte. Nunca quiero saber qué libros entre ésos se quedarán sin leer.

(1973)

De Apuntes, 1973-1984 (Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2000; traducción de Genoveva Dieterich), de Elias Canetti (Ruse, Bulgaria, 1905 - Suiza, 1994).

viernes, 23 de marzo de 2012

Esclavos con la túnica arremangada


CRISIS, SIRVIENTE DE CIRCE, A POLIENO

"Consciente de tu atractivo, te sientes orgulloso y vendes tus caricias: no haces favores. Pues, ¿a qué viene ese pelo ondulado por el peine? ¿A qué esa cara desgastada a fuerza de tratamientos, y esos ojos lánguidos de provocativa mirada? ¿Qué proclaman tus andares sabiamente estudiados y el movimiento impecablemente acompasado de tus pies, sino que expones tu hermosura en busca de comprador? [...] Si nos quieres, pues, vender lo que me interesa, está a punto el comprador; y, lo que es más galante, si lo das desinteresadamente, haz que te quede agradecida. Pues con decirme que eres un esclavo y un pobre hombre, no haces más que avivar la pasión de quien por ti muere. Hay mujeres que vibran por la crápula y no se apasionan sino al ver esclavos u ordenanzas con la túnica arremangada. Algunas se enamoran de un gladiador o de un mulero todo polvoriento, o de un histrión que se exhibe en el escenario. Mi señora pertenece a esa categoría: de la orquesta, salta por encima de las catorce graderías siguientes y va a las últimas filas de la plebe en busca de su amor".
Rebosando de satisfacción ante tan halagadoras palabras, pregunto: "Por favor, dime: ¿no serás tú esa mujer enamorada de mí?"
La sirvienta se rió con ganas ante tan cruda salida y me dijo: "Haz el favor de no ser tan fatuo. Hasta la fecha no me he entregado a ningún esclavo y no permitan los dioses que caiga en mis brazos un candidato a la crucifixión. Si las señoras quieren besar las huellas de los latigazos, allá ellas; yo, por muy sirvienta que sea, nunca trato más que con caballeros".


Fragmento de El Satiricón, de Petronio (Madrid, Gredos, 2010; introducción, traducción y notas de Lisardo Rubio Fernández).

miércoles, 21 de marzo de 2012

Te sumas a mis recuerdos sin sumarte a mi mundo


Mis padres están vivos. Significa que yo todavía no he nacido del todo. Ellos todavía pulen poquito a poco mis hombros angulosos. Todavía vierten alma en mi pecho, que cambia su perfil, al igual que las ánforas de los antiguos griegos tomaban la forma del vino que se espesaba en su interior.

Replicaba encogiéndose de hombros el abuelo Gabaret. "De todo cuanto eres, los ojos son lo menos tuyo. La luz es como un pájaro que pone los huevos en nido en ajeno".

En cambio, el abuelo Gabaret estaba fascinado por la memoria corta de los espejos. "Ningún rastro. Ningún estremecimiento, ningún eco. Vista en el espejo, la historia es igual a cero", decía acariciando la luna brillante.

El abuelo Gabaret afirmaba: "Yo pertenezco a tu mundo, mancias", es decir, hijo mío, "pero tú no perteneces al mío. Más aún. Te sumas a mis recuerdos sin sumarte a mi mundo".

El cuerpo muerto es como un pozo, en que ya puede uno arrojar luz que nunca se colma.

Mas, de igual manera que las aves, cuando vuelan sobre los grandes mares, necesitan un pedazo de tierra para posarse, también los libros, para sobrevivir, necesitan de hombres que los lean, que levanten la tapa y los hojeen para poder respirar.

Los vivos y los muertos pertenecen al cielo y la tierra. Sólo los moribundos pertenecen por completo a la muerte.

No existe ninguna familia armenia en este mundo que no cuente con algún desaparecido, como en un remolino, en los círculos de la muerte. Así pues, uno puede rezar al pie de cada fosa común pensando que allí se encuentra algún desaparecido de su familia.


Fragmentos de la novela El libro de los susurros (Valencia, Pre-textos, 2011; traducción y notas de Joaquín Garrigós), del escritor rumano de origen armenio Varujan Vosganian (Craiova, 1958).

jueves, 15 de marzo de 2012

Un tal espíritu



Descansé y, recobrado el aliento y los ánimos, me puse con todo entusiasmo y esmero a acabar aquella gigantesca estatua de Marte (...) Quiero contar un detalle que dará una idea del gigantesco tamaño de aquella obra; historieta que es divertidísima. Yo tenía terminantemente prohibido a todo el personal de mi casa que trajeran prostitutas al castillo: y vigilaba atentamente para que esta orden fuera cumplida a rajatabla. Sucedió que mi Ascanio se enamoró de una chica guapísima, y ella de él. Una noche la muchacha se escapó de su casa, dispuesta a abandonar a su madre; fue a ver a Ascanio, que no pudo convencerla de que regresara con la vieja; la chica se empeñó en quedarse; Ascanio no sabía dónde esconderla; por fin, como persona ingeniosa que era, se le ocurrió meterla en la estatua de Marte; y en la mismísima cabeza de Marte le preparó un sitio para dormir. Y allí estuvo la chica mucho tiempo; Ascanio la sacaba por las noches, sigilosamente. La cabeza estaba casi terminada y yo, por un poquillo de vanidad, la dejaba al descubierto, de manera que se veía de casi todo París. Los vecinos subían a los tejados para verla y mucha gente llegó a venir a propósito con la misma curiosa intención (...) Y como la chica que vivía en la cabeza no podía evitar que, de vez en cuando, se vieran sus movimientos, algunos de aquellos bobalicones iban diciendo que un tal espíritu había entrado en la estatua y le hacía mover los ojos y la boca como si fuera a hablar. Y muchos, espantados, se echaban a correr; y otros, más astutos, se acercaban a ver el fenómeno y acababan por reconocer que, efectivamente, la estatua movía los ojos, y juraban que allí dentro había un espíritu; no sabían que además de un espíritu había también un cuerpo perfecto.

Fragmento de Benvenuto Cellini (Florencia, 1500 - 1571), de La vida (Barcelona, Planeta, 1984; introducción, traducción y notas de Miguel Barceló).