Nada veremos, sino la cremallera desabrochada de nuestros ojos: dos monedas muertas, acuñadas con ley y verdad, pesan distinto después de cada giro de la mente, déjame contar las bofetadas, golpeas una de Nuestras mejillas, ofrecemos la otra, vemos que no Nos duele, a nosotros la Ceguera, repito, no Nos duele.
Del libro Podnozhieto na vecheriata, Sofía, Altera, 2008.
Cuando ella se dispone a hacer una foto de la farmacia nocturna sobre la que pende la luna como una pastilla él la mira desde la cabina del teléfono público que ya desde hace mucho no acepta monedas
también la mira el chófer de un taxi aparcado da una calada a su cigarro escucha el pronóstico del tiempo y servicial elabora una nube para el relámpago de ella
El paisaje no consigue ocultar su deseo de ser aburrido:
se transparentan las venas del agua fresca, las rocas son amigas del colegio, una de las tumbas siempre se hunde más rápido que las demás, una siempre desaparece