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jueves, 2 de febrero de 2012

Lunas mojadas


VIII

bajan como ríos orgullosos
como amantes nuevos
comprenden lo que no existe
guardan silencio y al fin
flotan
se reflejan como lunas mojadas
se prolongan hasta el amanecer
cuando acuden al temblor
de nombrarse al oído

XVI

pasa inaugurando
creándose
el río es
ese corazón sin adiestrar
condenado a la música


Poemas de Laura Gómez Palma (Buenos Aires, 1970), del libro Fin de gira (Buenos Aires, Huesos de Jibia, 2011).

miércoles, 1 de febrero de 2012

Una aguja de pino contra el vendaval


Conozco esa música
su tela de araña ensayada mil veces
y vuelta a desmantelar.
En ella todo lo que se entreteje
tiene su gemelo en la destrucción.
Trinar es triturar, un boceto es destino
y lo que una vez creí truncado
aun roto para siempre, alumbra en la boca.


Poema de Walter Cassara (Buenos Aires, 1971), del volumen antológico Nostalgia y otros poemas (Buenos Aires, Huesos de jibia, 2011).

viernes, 3 de junio de 2011

Italienisches Liederbuch


3.
¡Cómo enriqueces, cómo me enriqueces!
Estaban algunos de los más ricos de Italia
y yo dije: "estoy a su servicio",
y pensaron: "es más rico que nosotros".
Olimpia albergó al más grande de los dioses,
Éfeso a Artemisa criselefantina,
yo tengo un teléfono y llamo a este número
y tú contestas y dices: "soy yo".

16.
Digan lo que digan de Heliogábalo,
de Mesalina, de Margarita de Navarra,
son invenciones, y todavía no son más
que la sola verdad de sus nombres.
De ti dirán en cambio que ibas a la escuela
y después volvías a casa a hacer los deberes:
alguien tendrá que contar tus milagros.
Por ejemplo la vez en el Ostiense
que llegaste al Correo después de hora
y todo el personal salió cantando
a suplicarte que dejaras la carta,
y después se pusieron a rodar entre las flores
comiendo peonías bajo Scanderberg,
mientras los carteros se lanzaban a volar
con los ojos desorbitados de placer.
O en Fiumicino cuando seis DC8
al saber que te dolía un diente
hicieron una ronda tan ensordecedora
que los peces se asomaban erectos en el mar
y de lo alto caían analgésicos
nebulizados a través de los reactores.
O la vez en Lubriano que tuviste sed
y al instante surgieron tres manantiales de la piedra,
o aquel regreso por la Autostrada del Sole
cuando todos los autos se apartaban
a la línea amarilla de emergencia
para no molestarte, porque dormías.
Recuerdo aquella noche en Laterano
cuando los doce apóstoles de la Basílica
blancos y teatrales delante de los reflectores
se movieron y te señalaron con el dedo
a ti que corrías por la plaza con el perro,
y también una vez que te siguió un tranvía
enamorado, fuera de los rieles.
Y no has dejado de esparcir prodigios;
subviertes, es verdad, el orden natural
pero he esperado tanto que alguien lo subvirtiera.

1973

Poemas de Juan Rodolfo Wilcock (Argentina, 1919 - Italia, 1978), del libro Italienisches Liederbuch, 34 poemas de amor (Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2010; traducción del italiano de Guillermo Piro)

Máquina de trinar


Como quien postula
su secreta indefensión
como quien busca gimiendo
o girando en ¿la gracia suficiente?
como un dibujo fijo
embrujado en la pared
como el sueño de un mundo
tan compacto de voces.

Poema de Walter Cassara (Buenos Aires, 1971), del libro Máquina de trinar (Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2006)